Una brutal seguidilla de asesinatos a civiles inocentes a sangre fría por parte de sicarios llevó al cierre de las escuelas, a la suspensión de la recolección de residuos, y a una huelga de choferes de colectivos y taxis en reclamo por seguridad. El Gobierno nacional respondió con el envío de fuerzas federales.
“Vamos a matar más inocentes”: la amenaza vertida en una nota hallada junto al cuerpo de un joven de 25 años ejecutado de tres disparos en la gasolinera donde trabajaba exhibe que el brutal crimen forma parte de una ola de asesinatos que sacude a la ciudad de Rosario, sumida en un clima de violencia extrema en manos de bandas de narcotraficantes.
La vida urbana del emblemático distrito portuario ubicado en la provincia de Santa Fe (centro) quedó virtualmente paralizada tras la sucesión de cuatro homicidios -a dos taxistas, un chofer de colectivos y el citado en la estación de servicio- en apenas cinco días.
Ante un estado de profundo estupor, gremios de docentes, junto a trabajadores de transporte público, de la salud y de recolección de residuos llamaron a una huelga que frenó la prestación de servicios básicos.
Como respuesta, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, dispuso la creación de un comité de crisis y anunció el envío de 450 efectivos de fuerzas federales a la ciudad para reforzar a la policía.
Además, la funcionaria ordenó relevar a las autoridades del Servicio Penitenciario Federal, habida cuenta de la presunta coordinación de ataques por parte de los líderes de las principales bandas, a pesar de estar recluidos en prisión.
Con más de 1.300.000 habitantes, Rosario —la tercera ciudad más poblada del país austral— registra una tasa de asesinatos que cuadruplica al promedio nacional. Las cifras resultan estremecedoras: en 2023 hubo 258 homicidios —apenas por debajo del récord de 2022, cuando se perpetraron 288— y, en lo que va del 2024, ya se han registrado más de 30 crímenes de este tipo.
- FUENTE: SPUTNIK

