El 22 de julio del año 365 d.C., ciudad egipcia de Alejandría enfrentó uno de los desastres naturales más devastadores de la antigüedad. Tras un poderoso terremoto en Creta el día anterior, un tsunami arrasó la costa egipcia, destruyendo gran parte de la ciudad y dejando miles de muertos. Descubre cómo ocurrió este evento, qué lo provocó y por qué se convirtió en un símbolo de horror en la historia del Mediterráneo.
Alejandría bajo las aguas: El tsunami que cambió la historia del Mediterráneo
Alejandría, joya del mundo antiguo
En el siglo IV, Alejandría era mucho más que una ciudad costera. Fundada por Alejandro Magno, se había convertido en el epicentro cultural, científico y comercial del Mediterráneo oriental. Su puerto era uno de los más activos del Imperio romano, y el Faro de Alejandría —una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo— dominaba el horizonte como símbolo de poder y sofisticación.
Pero todo cambió en cuestión de horas.
El terremoto de Creta: el detonante invisible
El 21 de julio de 365 d.C., un terremoto de magnitud estimada entre 8.3 y 8.7 sacudió el lecho marino frente a la costa occidental de Creta. Estudios geológicos modernos, como los realizados por la Universidad de Cambridge, revelan que el sismo provocó un levantamiento de hasta 9 metros en la costa cretense, evidenciado por corales fósiles elevados mediante datación por radiocarbono.
Este movimiento tectónico, generado por fallas normales en la placa superior —y no por subducción como se pensaba antes— liberó una energía sísmica capaz de desencadenar un tsunami de proporciones colosales.
El tsunami llega a Alejandría: caos y destrucción
En la madrugada del 22 de julio, las costas egipcias comenzaron a experimentar un fenómeno aterrador. El mar se retiró abruptamente, dejando al descubierto el lecho marino. Pescadores y ciudadanos curiosos se acercaron a recoger peces y objetos marinos, sin saber que estaban presenciando la primera fase de un tsunami.
Minutos después, una ola de hasta 10 metros de altura se levantó sobre el horizonte y se precipitó sobre la ciudad. El historiador romano Amiano Marcelino, testigo presencial, describió cómo “barcos fueron arrojados sobre los tejados, cadáveres flotaban en las calles y el mar parecía vengarse de quienes lo habían subestimado”.
Las aguas penetraron más de 2 kilómetros tierra adentro, destruyendo viviendas, templos, almacenes y parte del famoso Faro de Alejandría. Se estima que más de 5.000 personas murieron solo en esta ciudad, mientras que el número total de víctimas en el Mediterráneo pudo haber superado las 45.0002.
Impacto geográfico y cultural
El tsunami no solo afectó Alejandría. Las olas alcanzaron las costas de Libia, Grecia, Sicilia y otras regiones del Mediterráneo oriental. En Libia, ciudades como Apolonia quedaron parcialmente sumergidas. En Sicilia, el impacto fue tan severo que algunos cronistas lo interpretaron como un castigo divino.
La destrucción del puerto de Alejandría y la interrupción de las rutas comerciales marítimas afectaron gravemente la economía del Imperio romano. El evento fue recordado como el “día del horror” hasta finales del siglo VI2.
¿Por qué ocurrió? La ciencia detrás del desastre
El terremoto fue causado por una ruptura en el sistema de fallas normales del arco helénico, una zona de intensa actividad tectónica en el Mediterráneo oriental. La energía liberada desplazó grandes volúmenes de agua, generando olas que se propagaron a lo largo de cientos de kilómetros.
Modelos informáticos desarrollados por geofísicos han recreado el evento, confirmando que el tsunami tuvo características similares al que golpeó el sudeste asiático en 2004. La retirada del mar, seguida por una ola gigante, es un patrón clásico en estos fenómenos.
Reconstrucción y legado
Tras el desastre, Alejandría inició un proceso de reconstrucción que incluyó mejoras en las técnicas arquitectónicas y urbanísticas. Aunque el Faro fue gravemente dañado, se mantuvo en pie hasta el siglo XIV, cuando otros terremotos terminaron por destruirlo.
El evento inspiró relatos, crónicas y estudios que perduran hasta hoy. La historiadora Marina Diodati lo resume así: “El tsunami de 365 fue el momento en que el Mediterráneo dejó de ser solo una vía de comercio y cultura, para convertirse en un recordatorio del poder de la naturaleza”.
Alejandría y el Mediterráneo: una nueva conciencia sísmica
El desastre de 365 d.C. marcó un antes y un después en la historia geológica y cultural del Mediterráneo. Desde entonces, las ciudades costeras comenzaron a considerar los riesgos naturales en sus planes de expansión. Aunque no existían sistemas de alerta temprana, el recuerdo del evento impulsó una mayor conciencia sobre la vulnerabilidad humana frente a la tierra y el mar.

