El 22 de julio de 1099, tras la conquista de Jerusalén por los cruzados, Godofredo de Bouillon fue elegido como Defensor del Santo Sepulcro, rechazando el título de rey por respeto a la figura de Cristo. Este acto marcó el inicio del Reino Latino de Jerusalén y consolidó el liderazgo cristiano en Tierra Santa. Descubre cómo se gestó esta decisión, qué implicaciones tuvo y por qué Godofredo se convirtió en símbolo de humildad y fe en la historia medieval.
Godofredo de Bouillon y la fundación del Reino Latino de Jerusalén
La Primera Cruzada y el camino hacia Jerusalén
En noviembre de 1095, el Papa Urbano II convocó a los nobles cristianos de Europa a una cruzada para liberar los Santos Lugares del dominio musulmán. El llamado, pronunciado en el Concilio de Clermont, encendió una llama espiritual y militar que movilizó a miles de caballeros, entre ellos Godofredo de Bouillon, duque de Baja Lorena.
Godofredo, junto a sus hermanos Eustaquio III y Balduino, vendió sus tierras y reunió un ejército para marchar hacia Tierra Santa. La expedición atravesó Europa, llegó a Constantinopla y se unió a otros líderes cruzados como Bohemundo de Tarento, Raimundo IV de Tolosa y Tancredo de Galilea.
La conquista de Jerusalén: 15 de julio de 1099
Tras años de combates, los cruzados llegaron a Jerusalén en junio de 1099. La ciudad estaba bajo control de los fatimíes egipcios. El asedio fue brutal: los cruzados construyeron torres de asedio con madera de barcos genoveses y lanzaron el ataque final el 15 de julio. Godofredo fue uno de los primeros en escalar las murallas y entrar en la ciudad.
La toma de Jerusalén fue seguida por una masacre indiscriminada de musulmanes, judíos y cristianos orientales. Aunque algunos cronistas como Raimundo de Aguilers intentaron justificar la violencia como parte de la purificación espiritual, otros como Guillermo de Tiro reconocieron el horror del momento.
La elección de Godofredo: 22 de julio de 1099
Una semana después de la conquista, el 22 de julio de 1099, los líderes cruzados se reunieron en la Iglesia del Santo Sepulcro para decidir quién gobernaría la ciudad. Raimundo IV de Tolosa, uno de los líderes más influyentes, rechazó el título de rey, y Godofredo de Bouillon, duque de Baja Lorena, fue elegido por unanimidad para asumir el liderazgo.
Sin embargo, en un gesto de humildad y reverencia, Godofredo se negó a ser coronado como rey. Según la crónica de Alberto de Aquisgrán, declaró que no podía llevar una corona de oro en el lugar donde Cristo había llevado una corona de espinas. En su lugar, aceptó el título de Sancti Sepulchri Advocatus, es decir, Defensor del Santo Sepulcro.
El nacimiento del Reino Latino de Jerusalén
La elección de Godofredo fue vista por cronistas como Guillermo de Tiro, Alberto de Aquisgrán y Raimundo de Aguilers como un momento clave en la historia de las cruzadas.
La elección de Godofredo marcó el inicio del Reino Latino de Jerusalén, un estado cruzado que perduraría hasta 1291. Aunque su reinado fue breve, Godofredo estableció las bases políticas y militares del nuevo reino. El 12 de agosto de 1099, lideró a los cruzados en la Batalla de Ascalón, derrotando a los fatimíes egipcios y asegurando la ciudad.
Durante su mandato, Godofredo también pactó con ciudades costeras como Acre, Jaffa y Cesarea, consolidando el control cristiano en la región. Su gobierno fue visto como un modelo de caballería cristiana, y su figura fue idealizada en la literatura medieval, apareciendo incluso en el poema épico Jerusalén liberada de Torquato Tasso.
Muerte y sucesión
Godofredo murió el 18 de julio de 1100, probablemente de fiebre tifoidea, aunque algunos rumores apuntaron a un posible envenenamiento por parte del emir de Cesarea. Fue enterrado en la Iglesia del Santo Sepulcro, y su hermano Balduino fue elegido como su sucesor. A diferencia de Godofredo, Balduino aceptó el título de rey, convirtiéndose en Balduino I de Jerusalén.
Legado histórico
La figura de Godofredo de Bouillon trascendió su tiempo. Fue incluido entre los “Nueve de la Fama” junto a héroes como Alejandro Magno y Carlomagno. Dante lo menciona en la Divina Comedia, y su estatua ecuestre en Bruselas sigue siendo un símbolo de la caballería cristiana.
Su decisión de no coronarse rey, su liderazgo militar y su devoción religiosa lo convirtieron en un arquetipo del caballero cruzado. El Reino Latino de Jerusalén, nacido de su elección como defensor del Santo Sepulcro, sería el epicentro de las cruzadas durante casi dos siglos.

