El emperador Teófilo sufre una humillante derrota en la Batalla de Anzen

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El 22 de julio del año 838 d.C., el Imperio Bizantino sufrió una de sus derrotas más humillantes en la Batalla de Anzen, cuando el emperador Teófilo enfrentó al ejército abasí liderado por al-Afshin. Un error táctico del emperador desató el pánico entre sus tropas, permitiendo una victoria decisiva para los musulmanes y allanando el camino para el saqueo de Amorio. Descubre cómo ocurrió este desastre militar, sus causas y consecuencias, y por qué se convirtió en un punto de inflexión en las guerras árabo-bizantinas.

Por: Carlos Ali Rodriguez | Publicado: 22 Jul 2025

La Batalla de Anzen: El día que Bizancio se derrotó a sí mismo

Bizancio y el Califato Abasí en tensión

A finales del siglo IX, el Imperio Bizantino y el Califato Abasí mantenían una relación marcada por constantes escaramuzas, saqueos y campañas militares. En 837, el emperador Teófilo lanzó una ofensiva en el alto Éufrates, saqueando ciudades como Sozopetra —que algunas fuentes identifican como el lugar de nacimiento del califa al-Mu’tásim— y Arsamosata. Este acto provocó la ira del califa, quien decidió vengarse con una expedición punitiva de gran escala.

Dos ejércitos y una decisión que lo cambiaría todo

Al-Mu’tásim dividió sus fuerzas en dos columnas. La principal, liderada por él mismo, marcharía hacia Ancira. La segunda, comandada por el príncipe iraní al-Afshin, avanzaría desde Melitene hacia el este de Anatolia. El objetivo final era Amorio, ciudad natal de la dinastía reinante bizantina y símbolo imperial.

El emperador bizantino reunió entre 25.000 y 40.000 soldados, incluyendo tropas kurdas y persas jurramitas lideradas por Teófobo, un converso al cristianismo. El ejército acampó en la llanura de Dazimonitis, cerca de la actual Dazmana (Turquía), en un punto estratégico llamado Anzen.

Aunque sus generales Manuel el Armenio y Teófobo recomendaron un ataque nocturno, Teófilo prefirió esperar al amanecer del 22 de Julio del año 838 d.C., probablemente por una excesiva confianza en sus tropas y el deseo de dar una muestra de fuerza imperial a plena luz del día.

Al principio, la ofensiva bizantina fue efectiva: lograron hacer retroceder a un ala del ejército abasí y causaron más de 3.000 bajas. Este impulso inicial fue liderado principalmente por los jurramitas —tropas de élite convertidas al cristianismo— bajo mando de Teófobo, que demostraron una disciplina táctica impresionante en las primeras fases. Pero ese éxito sería efímero.

El error fatal del emperador y el contraataque de al-Afshin

En un intento por reforzar el flanco derecho, Teófilo decidió liderar personalmente una maniobra táctica. Al hacerlo, abandonó su posición de mando. Las tropas, al no verlo, asumieron que había muerto y rápidamente quedaron desmoralizados. El historiador Alejandro Alcolea lo resume con ironía: “El emperador decidió hacer algo: derrotarse a sí mismo”.

La confusión se convirtió en pánico y se propagó como pólvora. Las filas bizantinas se desbandaron, algunos soldados huyeron hasta Constantinopla llevando el rumor de la muerte del emperador.

Aprovechando el caos, al-Afshin lanzó un feroz contraataque con sus 10.000 arqueros turcos a caballo. Las líneas bizantinas colapsaron. Teófilo quedó aislado en una colina junto a su guardia personal y los regimientos de tagmata.

La tormenta salvadora: un giro inesperado

Justo cuando los abasíes rodeaban la colina y preparaban las catapultas, una tormenta repentina inutilizó las cuerdas de los arcos enemigos. Esta intervención climática permitió al emperador escapar con vida, aunque gravemente herido.

Según las crónicas, fue gracias a la valentía de Manuel el Armenio —quien murió poco después— y de Teófobo que Teófilo logró atravesar las líneas enemigas y refugiarse en Quiliokomon.

La humillante derrota en Anzen, el 22 de julio del año 838 d.C.,dejó el camino libre para que los abasíes avanzaran sin oposición hacia Amorio. La ciudad fue sitiada y saqueada brutalmente semanas después. De sus 70.000 habitantes, solo la mitad sobrevivió. Muchos fueron vendidos como esclavos.

El evento fue uno de los peores reveses militares del siglo IX para Bizancio, no solo por la pérdida estratégica, sino por el golpe simbólico a la dinastía reinante.

El legado de Anzen: liderazgo, miedo y desinformación

La Batalla de Anzen se convirtió en un ejemplo clásico de cómo el liderazgo visible en combate puede definir el destino de un ejército. La ausencia de Teófilo en su puesto de mando desató una cadena de errores que culminó en una humillante derrota.

Como lo señala el análisis militar de Xataka, “el miedo y la desinformación pueden derrotar a un ejército desde dentro”. Aunque Bizancio sobrevivió, la lección quedó escrita en la historia como una advertencia sobre el poder de la percepción en tiempos de guerra.

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