El 1 de enero del año 193 d.C., el Senado romano declaró oficialmente al emperador Cómodo como enemigo público del Estado. Esta decisión marcó el fin de un reinado caracterizado por el despotismo, la megalomanía y el desprecio por las instituciones republicanas. Descubre cómo Roma se rebeló contra su propio líder, qué motivó esta condena histórica y por qué el nombre de Cómodo fue borrado de los registros imperiales en un acto de damnatio memoriae.
Cómodo, el emperador que se convirtió en enemigo de Roma
El contexto de un imperio en decadencia
Cómodo, hijo del filósofo emperador Marco Aurelio, ascendió al trono en el año 180 d.C. Su reinado, lejos de continuar el legado estoico de su padre, se convirtió en una exhibición de megalomanía, violencia y desprecio por las tradiciones republicanas. Según Herodiano y Dión Casio, Cómodo se presentaba en público vestido como Hércules, rebautizó Roma como Colonia Lucia Annia Commodiana, y exigía ser venerado como un dios viviente.
Su obsesión por los espectáculos de gladiadores lo llevó a participar personalmente en combates, humillando la dignidad imperial. Incluso cambió el nombre de los meses del año en su honor y rebautizó al Senado como el Bienaventurado Senado Comodiano. La administración pública se vio afectada por corrupción, negligencia y una creciente desconexión entre el emperador y las élites políticas.
El gesto que desató la furia senatorial
El punto de quiebre llegó cuando Cómodo anunció que celebraría el año nuevo no desde el palacio imperial, como era costumbre, sino desde la escuela de gladiadores, acompañado por una escolta de luchadores y vestido con armamento de combate. Este gesto fue interpretado por los senadores como una humillación pública a la dignidad imperial y una amenaza directa a la estabilidad del Estado.
La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes relata que Cómodo había redactado una lista de ejecuciones que incluía a su amante Marcia, al prefecto Leto, al chambelán Eclecto y a varios senadores. Esta revelación precipitó una conspiración para asesinarlo esa misma noche.
El asesinato y la condena oficial
El 31 de diciembre de 192, Cómodo fue asesinado por el atleta Narciso, tras un intento fallido de envenenamiento. Aunque el emperador ya estaba muerto, el Senado esperó al 1 de enero de 193 para emitir su condena formal, declarando al difunto emperador como hostis publicus, enemigo del pueblo romano.
Este acto no solo buscaba borrar su memoria mediante la damnatio memoriae, sino también legitimar el ascenso de su sucesor, Pertinax, quien fue proclamado emperador ese mismo día. El Senado intentaba recuperar su influencia frente al poder militar, aunque con resultados limitados.
Damnatio memoriae: borrar al emperador de la historia
La declaración de enemigo público implicaba que todas las estatuas, inscripciones y referencias a Cómodo debían ser destruidas o modificadas. Su nombre fue eliminado de documentos oficiales, monedas y monumentos. Esta práctica, conocida como damnatio memoriae, era una forma de castigo simbólico que buscaba borrar al individuo de la memoria colectiva romana.
Sin embargo, como señala el historiador Donald Kyle, “la caída de Cómodo evidenció que el poder imperial dependía más del respaldo de las legiones que del consenso senatorial”.
Consecuencias políticas: el inicio del caos
Aunque simbólicamente poderosa, la condena no logró estabilizar el Imperio. En los meses siguientes, Roma viviría el llamado Año de los Cinco Emperadores, una etapa de guerra civil y sucesión caótica que culminaría con el ascenso de Septimio Severo.
Pertinax, el sucesor inmediato, fue asesinado apenas tres meses después. Le siguieron Didio Juliano, Clodio Albino, Pescenio Níger y finalmente Septimio Severo, quien consolidó el poder militar como base del nuevo orden imperial.
El legado de Cómodo: entre el espectáculo y la ruina
Cómodo representa el extremo de la autocracia imperial. Su deseo de ser gladiador, su culto personal y su desprecio por la administración pública lo convirtieron en un símbolo de la decadencia romana. Aunque fue deificado en vida, su muerte marcó el fin de la dinastía Antonina y el inicio de una nueva era de conflictos.
Su historia ha sido retratada en obras como Gladiator, aunque con licencias creativas. La realidad histórica, sin embargo, es aún más dramática: un emperador que quiso ser dios, gladiador y dueño absoluto, pero terminó estrangulado por sus propios errores.
Conclusión
El 1 de enero de 193 no solo marcó el fin de un reinado, sino el intento del Senado por recuperar el control sobre un imperio que se les escapaba de las manos. La figura de Cómodo nos recuerda que el poder sin límites, sin control institucional y sin responsabilidad, puede convertirse en una amenaza para el propio Estado.
Como escribió Suetonio: “Cómodo no fue vencido por sus enemigos, sino por su propia locura”.

